El doctor Darío Acuña Castroviejo, catedrático de Fisiología de la Universidad de Granada (España), realizó un estudio titulado "Informecientífico sobre los efectos de los campos electromagnéticos (CEM) en el sistema endocrino humano y patologías asociadas" en el que podía leerse: "A finales de los años setenta aparecen ya los primeros datos que indicaban una asociación entre campos electromagnéticos y cáncer, particularmente leucemiainfantil. Desde entonces se han realizado gran cantidad de estudios epidemiológicos y de laboratoriopara establecer una relación entre la exposición a campos electromagnéticos y patología humana". El doctor Acuña Castroviejo señala en su informe como principales efectos perjudiciales de la exposición acampos electromagnéticos los trastornos neurológicos, mentales, cardiopulmonares y reproductivos, elincremento del riesgo de algunos tipos de cáncer y los trastornos dermatológicos, hormonales e inmunológicos. Bien harían pues los rectores municipales, comunitarios y estatales de nuestro país endedicar algo del tiempo que sí tienen para las compañías eléctricas a repasar las múltiples evidencias científicas que alertan del peligro de las radiaciones para la salud generadas por las torres de altatensión, los centros de transformación, las antenas de telefonía y hasta los simples móviles de bolsilloporque es hora de dejar de engañar a la población.
Las torres de alta tensión, los centros de transformación, las antenas de telefonía, los teléfonos móvilesy los dispositivos de tecnología Wi-Fi son potencialmente peligrosos para la salud. Pueden causarnumerosas patologías, en muchos casos graves; incluso cáncer. Y son especialmente peligrosas en elcaso de los niños y adolescentes. La comunidad científica lo sabe. Las compañías eléctricas y detelefonía también. Y los Gobiernos. Pero se oculta. Y se miente. Y nadie parece estar dispuesto a hacernada. Nosotros cumplimos con nuestra obligación informando. Ninguno lectores podrá puesdecir que no estaba advertido.
Los estudios al respecto dejan lugar apocas dudas. Las mismas preguntas que nos hacíamos entonces se repiten hoy lamentablemente: ¿porqué no se informa a la gente de ello? ¿Por qué se permite que las personas expongan taninconscientemente la salud? Las microondas de los teléfonos móviles pueden provocar recalentamientocelular en la zona del cerebro cercana a la antena, ruptura cromosómica, cambios en la presión arterialdel cerebro mientras se usa el aparato, trastornos del sueño, cefaleas y alteraciones coronarias. Ademásla gente ignora que los móviles están equipados con un dispositivo automático que ajusta la potencia deemisión en función de la proximidad o lejanía de la antena por lo que cuando hablamos desde lugarescon escasa cobertura es cuando recibimos las dosis de radiación más altas. Por todo ello esincomprensible la actitud de apatía y desdén (cuando no se trata de estrategias bien calculadas) que existe por parte de los estamentos públicos y políticos en este ámbito teniendo en cuenta las múltiples constataciones de daños graves que parecen provocar los teléfonos móviles.

